La caída del halcón negro

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Miguel Ángel Arrieta

La brisa que se desplazaba sobre el muelle central de Acapulco el pasado lunes por la mañana, templaba suavemente el barullo primaveral que se apropió del escenario en el que el alcalde de Acapulco, Evodio Velázquez Aguirre, entregaba equipamiento de cocina a restauranteros de la bahía de Santa Lucía.




Pero la brisa no solo enfriaba el calor de abril. También enmarcó la imagen del funcionario desesperado que busca recuperar los privilegios del poder luego de haber salido del círculo de confianza del gobernante, y al final de cuentas observa frustrado como se disuelven todos sus intentos al haber sido exhibido el juego perverso de crearle problemas a su amigo y después venderle la solución de los mismos. Y de haberse comprobado su intención de manipular a su jefe político, al hombre que le cedió las llaves de su oficina.

Giovanni Manrique, Coordinador de Asesores del presidente municipal de Acapulco, trató de acercarse disimuladamente al alcalde una, dos y hasta tres ocasiones cuando éste se dirigía a su camioneta, con claro afán de lograr que el primer edil lo invitara a subirse al vehículo como no hacía mucho ocurría, pero Evodio siempre lo esquivó. Nunca logró cruzar saludo con su líder, y por lo menos intercambiar palabra que permitiera generar la percepción de la reanudación de confianza entre ambos.

No fue la primera vez que se da este indicio de divorcio entre el alcalde y su asesor; un incidente similar se había observado ya en el acto de develación de la nueva Diana Cazadora.

De hecho, desde que se descubrió el doble juego de Giovanni Manrique para golpear políticamente al alcalde en el mismo medio de comunicación del que es copropietaria la esposa del coordinador, la relación entre el titular del ayuntamiento acapulqueño y su colaborador que encarnaba la mano derecha en la operatividad del poder municipal, entró en un gradual alejamiento entre ambos.

Y la distancia se ensanchó más cuando el coordinador de Asesores municipal pretendió restañar a su modo la grieta de la desconfianza y declaró a medios de comunicación que el alcalde tenía conocimiento de que la esposa de Giovanni Manrique tenía acciones en la sociedad anónima que produce el portal informativo Bajo Palabra, espacio internauta desde el que se ha lanzado una sórdida guerra mediática contra la actual administración municipal.

Es decir, Giovanni no nada más permitió y fue coparticipe de una campaña contra su jefe en la que en ocasiones se utilizó información detallada de lo que ocurría en el interior del despacho del primer edil, sino que también lanza el mensaje de que su jefe se prestó a esa turbiedad con conocimiento de causa.

Fuera de interpretaciones políticas, lo que no ha tomado en cuenta el funcionario es que con esa declaración involucra al alcalde en un profundo conflicto de intereses, dado que Bajo Palabra recibe publicidad oficial del ayuntamiento de Acapulco, y emite facturas por ese concepto cobijada por la influencia de uno de los más altos funcionarios de la administración acapulqueña, lo que puede llevar a los detractores del gobierno local a exigir una investigación legal sobre este caso.

Por lo pronto, Giovanni Manrique se desplaza en una espiral que aún no toca fondo en el ayuntamiento porteño, y cada día que pasa pierde mayor influencia a tal grado que los familiares y amigos que incrustó en la nómina municipal, entre ellos hermanos, primos y cuñados, están a punto de ser separados de los privilegios presupuestales que les otorga el parentesco con el principal asesor de Evodio Velázquez.

La pérdida de influencia duele más cuando crees controlar los hilos del poder sin límites. Justo cuando el poder y la avaricia rebasan el razonamiento político y desequilibran la ruta de toda administración.




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