Acapulco está en una encrucijada sin retorno: Le apuesta a un cambio radical o se hunde

Tiene la oportunidad de crear las condiciones para el futuro con porvenir que todos anhelamos, o se sigue hundiendo en las manos de políticos vivales y corruptos como viene ocurriendo desde hace 20 años.

Acapulco Gro; a 24 de febrero del 2021.- El problema de Acapulco, ya todos lo conocen, se resume en 100 años de corrupción que han acabado con el paraíso. La corrupción de los alcaldes y la politiquería destruyó todo: el agua potable, el turismo, el desarrollo social, la educación, los servicios públicos, la salud, la seguridad pública, todo. Con todo eso hicieron negocios y fortunas ofensivas.

Gobiernos van y gobiernos vienen, pero ninguno ha dado resultados. Hay más pobres, hay menos trabajo, hay menos negocios, hay menos esperanza, hay menos seguridad, hay menos futuro.

Gobierno tras gobierno, Acapulco sigue cayendo.

Gobiernos van y gobiernos vienen, del partido que sea y Acapulco siempre pierde.

¿Qué es lo que pasa? ¿Acaso son los partidos los que están mal? ¿Acaso son los planes de gobierno los que no sirven? ¿Acaso estamos salados y condenados a que nos vaya siempre mal?

Claro que no. El problema no son los planes de gobierno, ni los partidos. El problema es que mucho sinvergüenza, mucho desalmado se anota en esos partidos.

El problema es que la gente les cree a políticos desalmados, corruptos, vivales. El problema es que la gente no revisa quién es quién. Cuál es el aporte hecho a la sociedad por cada uno.

Muchos creen y creen mal, que alguien es mejor porque ha ocupado muchos cargos políticos, pero debo decirles que eso es lo peor, porque eso significa que sólo es un vival de la política.

Alguien que presume muchos cargos políticos no significa que es mejor persona, o gente más honesta o eficaz; significa que se alió con la corrupción para no tener que trabajar como todo mundo lo hace.

El problema son esos políticos que llevan más de 20 años viviendo de la política y así quieren seguir, por eso brincan de un partido a otro. Quieren que tú como ciudadano le sigas pagando su ropa de marca, sus carros de lujo, sus departamentos a orilla de la bahía, el colegio privado de sus hijos, los caprichos de sus mujeres.

¿Ya te preguntaste si quieres seguir manteniendo tipas y tipos que hace unos años eran miserables y ahora son unos arrogantes?

El dinero público es tu dinero. No es el dinero del gobierno, ni de los políticos. Es tuyo y debes cuidarlo.

El problema de Acapulco es la deshonestidad, es la sinvergüenzada, el abuso.

El problema son sinvergüenzas prometiendo cosas que jamás van a cumplir. El problema de Acapulco es esos que prometen de más y nunca cumplen.

El problema es no hay ninguno de las y los que aspiran que pueda decir que no se coludió con la corrupción en algún momento de su vida política.

El problema es que son los mismos de siempre, los que con cada gobierno se coluden con la corrupción, los que voltean a ver hacia otra parte mientras se robaban el dinero de los ciudadanos. El problema es que esos quieren repetir, quieren que los sigas manteniendo.

El problema es que nadie se compromete a limpiar 100 años de corrupción. Ni siquiera pueden hablar de ese tema, sin que alguien les recuerde sus transas, sus traiciones y sus mentiras.

¿Entonces cuál es el proyecto?

El proyecto es honestidad, porque sin honestidad, no hay plan de gobierno que funcione, sin honestidad no hay presupuesto que alcance, sin honestidad no hay futuro posible.

¿De qué sirve tener cientos de millones de pesos de pesos y los mejores planes de gobierno si quienes están en el gobierno son unos rufianes hambrientos? Pero con honestidad, con principios, aunque haya poco dinero ese dinero va a rendir porque nadie se va a robar un solo peso.

Entonces ¿Honestidad para qué?

Honestidad para recuperar 300 millones de pesos que se pierden anualmente por la corrupción.

Honestidad, para despolitizar la obra pública, para que las obras no vuelvan a ser el botín de regidores, alcaldes y empresarios.

Honestidad para garantizar los servicios básicos. Agua, salud, recolección de basura, pavimentaciones y alumbrado con eficacia y que no falten.

Honestidad para que el dinero público alcance para cuando menos uno obra importante en cada distrito.

Honestidad para que los apoyos sociales lleguen a donde se necesitan, sin intermediarios, sin líderes, sin condicionamiento.

Honestidad para apoyar proyectos de desarrollo de mujeres y jóvenes. Proyectos que generen empleos y riqueza para todos.

En resumen, Acapulco tiene remedio, pero con honestidad.