Elecciones comunitarias, espejismo engañoso

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Miguel Ángel Arrieta

Cuando el líder del PRI municipal presume los resultados obtenidos por su partido en la elección de comisarios y delegados municipales, lo único que hace es revelar cifras que exhiben el retroceso y debilidades del tricolor en la obtención de votos, de cara a un a un proceso electoral en el que se aprecian circunstancias nada favorables para el priismo.

Fiel a su costumbre, los dirigentes priistas incurren en una falta de memoria política en la que olvidan que los adversarios con los que se han medido en las últimas dos elecciones locales, -2012 y 2015-, nunca han entrado a la contienda municipal en forma individual. Los partidos denominados de izquierda han preferido caminar sobre estrategias aliancistas que derrotan al PRI.

En este contexto, antes de salir a festejar haber ganado la mayoría de comisarías y delegaciones con un total de 52 mil 400 votos, por encima de 24 mil 400 del PRD, los del PRI deben entender que si ese es el voto duro con el que cuentan para recuperar el ayuntamiento de Acapulco, es recomendable que hagan mejor sus cálculos y revisen escenarios y estadísticas de las últimas dos elecciones.

Los datos duros indican que, en la elección del 2012, el PRI obtuvo 91 mil 678 votos contra 147 mil 570 de la alianza PRD-MC-PT. Y en el 2015 su votación bajó a 74 mil 526, mientras la alianza PRD-PT registró poco más de 77 mil sufragios. En ambos procesos electorales, el mayor porcentaje de votos para el tricolor provino de casillas localizadas en áreas rural y suburbana, territorios en los que precisamente se realizaron las recientes elecciones de comisarios y delegados.

En términos prácticos, con adecuado trabajo de campo y la postulación de un candidato aceptable, los priistas entrarían en un espacio de relativa competitividad para remontar los tres mil votos que los alejaron del triunfo en el 2015.

El problema de fondo es que en el mismo proceso de 2015 el PAN obtuvo 46 mil 50 votos y Movimiento Ciudadano alcanzó 19 mil 154 sufragios, y ambas fuerzas mantienen amplia tendencia para ir juntas con el PRD en un recuadro de la boleta electoral del 2018, con la creación del Frente Amplio Democrático.

En Acapulco, las alianzas entre partidos de izquierda han sido veneno puro para el PRI. Y con la probable suma del PAN, el factor Morena y la aparición de candidatos independientes que atraigan a cierto sector ciudadano en las urnas, los priistas terminarán entendiendo que de nada sirve tomar como referencia para derrochar optimismo sus triunfos en comisarías y delegaciones.

De hecho, si se permitiera asimilar como experimento inicial el proceso realizado el pasado fin de semana, se apreciaría la variante que representa la participación de candidatos y fuerzas independientes; en la colonia San Isidro, ubicada en la zona poniente de Acapulco, la planilla Morada organizada y respaldada por la asociación civil Un Nuevo Horizonte para Guerrero que dirige Rogelio Hernández, ganó la elección de delegado con el 77 por ciento de los votos.

La misma organización compitió en tres colonias más, en las que obtuvo 2 mil 178 sufragios, lo que le permitió ocupar casi el 20 veinte por ciento de la votación registrada en esas demarcaciones, factor que no puede pasar desapercibido después de que participaron con recursos propios y se enfrentaron a los aparatos de gobierno que apoyaron a candidatos amarillos y tricolores.

La clave de capitalizar a su favor, esfuerzos ciudadanos del tipo de Un Nuevo Horizonte para Guerrero, representa una balsa de la que pudiera asirse el PRI para evitar nuevos naufragios en Acapulco.

El problema es que la mayoría de organizadores de los grupos ciudadanos no quiere hacer alianzas con el tricolor ante la fragmentación que asimila el tejido social por la incontenible violencia y la carencia de oportunidades de crecimiento económico.

Al final de cuentas, pretender utilizar las elecciones de comisarios y delegados como referencia electoral, significa solo un espejismo ante la descomunal realidad que se viene en las votaciones del 2018.

Desde hace casi veinte años, los dirigentes del PRI elevan oraciones y plegarias para que partidos de derecha e izquierda no sumen esfuerzos, hoy prevalece el sentir de que la voluntad opositora se adelantó a cualquier rezo.

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